Yo voy al Corso, básicamente por dos motivos:
1. Es parte imprescindible de todos los meses de Julio en nuestro país. Es una costumbre de Fiestas Patrias, es parte de una tradición que NOS pertenece desde que somos muy niños, desde la primera vez que vimos esos dragones majestuosos de colores, y esos fuegos artificiales que marcan el final del día del Corso de Wong.
2. Los Dragones y los Colores de nuestra bandera ondeando por las calles Miraflorinas, recordándonos que somos peruanos y que estamos orgullosos de ello, por mas que los sentimientos encontrados respecto de nuestro país quisieran que no fuera así, pero LO ES!
Son esos dos motivos los que me sacan de mi cama y me hacen ir al Corso.
¡Qué particular año!, el taxi nos dejó (a mí y a S) como a 6 cuadras del sitio porque el tráfico era insufrible e insuperable (por lo que pagamos una luk menos...) caminamos..... aparecieron los colores ineperados más ricos: la manzana verde y el algodon lila!!! Los compramos sin pensarlo.
Llegamos al punto donde pensabamos quedarnos, y nos dimos con la sorpresa que definitivamente hay gente que no se baña jamás, y también que no nos podríamos quedar ahi porque no veíamos nada. Y empezamos a caminar de nuevo, una dos diez veinte masomenos treinta cuadras...
En ese trayecto corroboré que este año el Día del Corso fue más peruano que de costumbre (iba a utilizar la palabra autoctono, PERO NO, peruano es el calificativo correcto, porque lo que voy a describir es MUY peruano, es muy nosotros, es parte de lo que viene a mi mente cuando digo Perú, cuando digo Patria); ambulantes que no
veía hacía siglos como el Señor de los Globos o el Señor que vende Pelotitas que rebotan y otros Inflabables, el Mono que te lee
llejitas,
Por fin, decidimos quedarnos en una cafetería, de donde lo único que veíamos era los techos de algunos carros alegóricos, salvo en los casos en que eran lo suficientemente altos y lográbamos verlos completos. Y los disfrutamos todos, los completos y los incompletos.
Pero nuestros hermanos del sur nuevos dueños de Wong se lucieron, el Corso estuvo igual de bueno que todos los años, al final no vi a mis dragones majestuosos pero si vi con orgullo los colores de mi bandera al ritmo de un huaynito alzándole porras a nuestro país. Fue un momento excelente seguido de unos maravillosos y llenadores fuegos artificiales que me conmovieron como no pensé que conmovería, tal vez porque me trajo recuerdos de muchas personas que me hacen falta o tal vez simplemente porque al mirar al cielo los colores me llenaban los ojos de agua.
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